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Anna está casada con un gigolo #3: el nuevo trabajo extra de Victor

Anna está casada con un gigolo #3: el nuevo trabajo extra de Victor
Esta columna apareció antes en &C.
Que algún día encontraría a su media naranja en Victor, un hombre que roza sin esfuerzo sus deseos más hondos, nunca se había atrevido a esperarlo. ¿Con lo que no contaba en absoluto? Con ser ella, al final, quien animara a su gran amor a dar placer a otras mujeres como gigolo, además de su empleo.
Después de meses de citas, Victor y yo empezamos una relación. Las citas de sexo fueron pasando poco a poco a algo más. Escapadas de fin de semana con visita a sus padres, cenas con amigos e incluso un día en el Nemo con mis dos hijos. Victor no tiene hijos propios, pero me encantaba verlo con los míos. Ese hombre grande y recio que por las noches me hacía ver las estrellas participaba con mis hijos, juguetón y entusiasmado, en todos los experimentos del laboratorio. Después de conquistar mi corazón, Victor se vino a vivir conmigo bastante rápido.
De verdad estábamos a gusto juntos, pero a Victor le reconcomía algo. Echaba de menos quedar con otras mujeres. ¿Sería quizá poliamoroso? No, no era exactamente eso. ¿Queríamos abrir nuestra relación? No, en realidad tampoco. «¿No te gustaría ser gigolo?», solté una noche en la cama. Sabía que Victor en el pasado ya había pensado en hacerse Dom profesional (un hombre que asume el papel dominante en las actividades BDSM, n. del e.), pero esa carrera nunca había arrancado. «¿Y si yo te ayudara?», seguí con cuidado. «Puedo escribir los textos de tu web y lo puedes hacer además de tu empleo fijo, para no depender de ello.»
Otros a lo mejor me tacharían de loca, ¿quién demonios anima a su pareja a hacerse gigolo?, pero yo le deseo a cualquier mujer una cita íntima con mi hombre. Sobre todo a las mujeres que lo necesitan, las que, por ejemplo, nunca han tenido sexo o justo han tenido malas experiencias. A mi parecer, Victor es el tipo adecuado para eso. Es tranquilo, escucha bien lo que quieres y tiene una fuerza que hace desaparecer tus inseguridades. Cosas que yo misma siempre he vivido como sanadoras.
Unos meses después su web se puso en marcha y tuvo su primera cita. Emocionante, pero se sentía bien. Decidimos no compartir su nuevo «trabajo extra» con nuestro entorno. Solo se lo contamos a una pareja amiga que está en el mundo swinger; son bastante abiertos de mente y no les extrañó. Ni Victor ni yo tenemos ganas de comentarios, así que es nuestro pequeño secreto.
De antemano no hicimos acuerdos estrictos. Solo quiero saber dónde está y no quiero que use mi apodo cariñoso con otras mujeres. Victor puede, por ejemplo, ocuparse tranquilamente de su trabajo cuando yo estoy cerca. Es más: a menudo está escribiéndose con mujeres cuando se sienta a mi lado en el sofá, eso es parte de su trabajo y punto. A las mujeres con las que queda a menudo las conozco de nombre, pero no miro las fotos ni el chat. Cómo son las mujeres no me interesa. En realidad nunca he tenido celos de sus clientas, solo me alegra que vuelva a casa con historias positivas y que de verdad pueda significar algo para ellas. Estaba del todo bien con ello, hasta que un día conoció a Bianca.
Continuará.
