
¿Se lo deseas también a otra?
Hablarle a una amiga de un gigolo
En algún sitio anda una mujer que está donde tú estuviste una vez. Tú tienes algo que yo no tengo, y estas son las maneras en que puedes dárselo.
Hablarle a una amiga de un gigolo se hace mejor en pequeño y sin presión. Hay tres maneras: sacas el tema un momento, escribes de forma anónima una carta a la mujer que tú misma fuiste una vez, o le das un libro. En cada paso puedes echarte atrás, y tú decides siempre hasta dónde llegas.
Una mujer como tú… buscando
Hay una mujer que no sabe qué hacer. Quizá como tú estabas, antes de encontrar esta web. Sabe que falta algo y no tiene ni idea de a quién acudir con eso. No se lo pregunta a nadie, porque cómo empiezas una conversación así.
Así que se queda dando las mismas vueltas. Otra cita que en las fotos era más simpática que en la mesa. Un hombre en Tinder que después de cuatro mensajes empieza con una urgencia y una petición de dinero. Alguien que no oye que ella quiere ir con calma y simplemente sigue adelante. Y entremedias, buscar a horas en que el resto duerme, entre anuncios de los que no saca nada en claro. Quizá reconozcas su camino. Quizá reconozcas sobre todo lo que cansa.
Buscar ‘gigolo’ o ‘escort masculino’ no lo hace. En su cabeza eso es de mujeres que se toman la vida con más soltura que ella. Y debajo hay unos cuantos pensamientos más. Que no está bien, que una cosa así simplemente no se hace. Que para ella no puede ni debe, no con su vida, su edad, su trabajo, la gente que opina sobre ella. Y el más terco de todos: que no existe. No de verdad. No como ella lo querría, con alguien que escucha y que se queda sentado cuando cae un silencio.
Aquí solo llega si alguien se lo señala.
Tú puedes ayudarla y con eso hacerle un regalo enorme. Nombra mi web, o cuenta cómo te fue a ti, por qué te pusiste a buscar. No es más que eso.
Casi todas las mujeres dicen después que les habría gustado saberlo antes. Te lo agradecerá. Aquí abajo está cómo hacerlo.
Fíjate también en lo que eso hace de ti. No eres la mujer que contrató a un gigolo. Eres la que le dijo a otra que estaba bien hacerlo, y esa historia la puedes contar en cualquier compañía.
En el menú esto se llama ‘ayuda a otra’, porque algo tiene que poner arriba. Lo que de verdad eres es su primera voz. La que lo dijo en voz alta antes que nadie.
Con el boca a boca no ganas nada. A propósito. Aquí había un vale y lo he quitado, más adelante explico por qué eso es mejor para ti.
1. Háblale a tu amiga de un gigolo
Esto no tiene por qué ser grande. Hay una diferencia enorme entre lo que puedes decir, y el extremo más pequeño suele funcionar mejor.
Por un lado: has leído algo. En &C salió la historia de Maud, que quedó con un gigolo, y en el &C Zomerboek la de Anna, que está casada con un gigolo. Que leyeras algo así en una revista no es una confesión. Es un tema. A quien le parece interesante, pregunta más.
Por otro lado: toda una conversación sobre lo que las mujeres quieren en realidad, sobre por qué eso rara vez se dice en voz alta, y sobre lo que te hace sentir cuando una vez sí actúas en consecuencia. Algunas noches van solas hacia ahí.
Todo lo que hay en medio también cuenta. Una frase delante de un café. Reenviar un reportaje de revista sin comentario. Tu propia historia, si quieres.
Plantar funciona mejor que recomendar
‘Tienes que llamar a Victor’ rara vez cae bien. Demasiado directo. Y hace de ella alguien a quien hay que resolver.
Lo que sí funciona es esto: ‘Conozco a alguien que hizo esto y le vino muy bien.’
Esa frase no te cuesta nada. Y es verdad, porque esa alguien eres tú, y en la frase eso no se nota. Si pregunta más, tú decides hasta dónde llegas. Si se queda callada, no ha pasado nada. Y si dentro de medio año sale el tema igualmente, puedes decir que eras tú. O no.
Quizá suene calculador. Pero este tipo de conversaciones van justo así: pasito a pasito, con una puerta abierta detrás de ti en cada paso. Quien tiene que ponerlo todo sobre la mesa de golpe, normalmente no dice nada en absoluto.
Hablar de la web también puede ser igual de indirecto. Que hace poco acabaste en la web de un gigolo, que te pareció sorprendentemente interesante, y que te dejó asombrada lo que cuentan ahí otras mujeres. No hace falta más. Quien lo reconoce, pregunta más. Quizá no enseguida, quizá solo cuando te llame dos semanas después por algo muy distinto y de repente vuelva sobre ello.
Y no pienses solo en amigas. También me contratan parejas que quieren volver a ponerle emoción juntos, así que ahí hay oportunidades igualmente.
Una frase por momento
Tú no vas a sacar esto de la nada, y tampoco hace falta. Sale solo, más a menudo de lo que piensas. Lo único que necesitas en un momento así es una frase. Ni historia, ni explicación.
- Una cita que volvió a decepcionar. ‘Oye, ¿no sería algo para ti? Así al menos te ahorras todo ese lío.’
- Se queja de su matrimonio, ya por tercera vez este año. ‘Parece que hay mujeres que eso lo arreglan por su cuenta. Sin que se convierta enseguida en una aventura, quiero decir.’
- Recién divorciada y le da pereza la vida de las citas. ‘Leí que algunas mujeres después de un divorcio sencillamente empiezan con un gigolo en vez de con Tinder. La verdad es que no me pareció tan mala idea.’
- Un año sin que nadie la toque, y lo dice casi de pasada. ‘El otro día oí a alguien decir que para eso había contratado a alguien. Ni siquiera por sexo, solo para que la abrazaran otra vez.’
¿Te funciona mejor otra frase? Dímelo. Y la añado para la mujer que venga después de ti.
Siempre puedes echarte atrás
Todo en esta página está pensado para que puedas salirte si la reacción decepciona. Eso no es un detalle, es todo el planteamiento.
Puedes decir que lo habías leído en algún sitio. Reenviar un artículo sin escribir nada, o prestar un libro y no decir nada más. La carta que escribes está online sin nombre y, si lo pides, la quito otra vez. Nadie sabe nada de ti que tú no hayas contado.
¿Una conversación va por mal camino? Entonces paras sin más. No tienes que terminar nada ni volver nunca sobre ello.
Si sí se lo cuentas directamente
Empieza por el porqué. Por qué contrataste a alguien, y por qué no fue un hombre de una app o del bar. Esa es la pregunta que más fuerte vive en ella, también cuando no la dice en voz alta. Cuéntale enseguida sobre qué dudabas de antemano. Ella seguramente anda con justo lo que tú pensabas entonces, y eso le sirve más que cualquier argumento.
Te sorprenderá cuántas mujeres llevan en secreto mucho tiempo dándole vueltas a esto y solo nunca se atrevieron a dar el paso. Si es una buena amiga, una conversación así pronto toma un rumbo que no habías visto venir. Más abierta de lo que estás acostumbrada en ella.
- Sé concreta. ¿Qué te gustó? ¿La compenetración, el ritmo, que nada fuera obligatorio? Cuanto más concreta seas, más creíble suena.
- Deja ver qué te hizo sentir. ‘No me puedo creer lo bien que se sintió esto, debería haberlo hecho mucho antes’ dice más que una recomendación en frases pulidas.
- Sé sincera. ¿Algo te decepcionó? Dilo sin problema. Eso es justo lo que hace creíble el resto.
- Dile dónde me encuentra. Más que gigolo-victor.com no necesita.
Qué es mejor no hacer
- Mandar mi web a alguien que no la pidió. Eso se lee como publicidad, también viniendo de ti. Reenviar un reportaje de revista sí vale: eso es un tema, no una recomendación.
- Volver sobre ello una segunda vez. Quien está lista, vuelve sobre ello por sí misma.
- Plantearlo como consejo. ‘Esto deberías hacerlo tú’ hace de ella un caso que hay que resolver.
- Darme su nombre. No contacto con mujeres que no lo pidieron ellas mismas, así que no me sirve de nada.
2. Una carta a la mujer que tú misma fuiste
Escribe una carta a quien tú fuiste en la época anterior a ponerte en contacto. Anónima, sin nombre debajo, y la pongo en la web.
Ese es el texto que yo no puedo escribir, y es el texto que más se lee. Cientos de mujeres que dudan llegan aquí, leen mis palabras, y se creen la mitad. De ti se lo creen todo.
Esta estructura lo hace más fácil:
- El principio. ¿Con curiosidad, excitada, nerviosa? ¿Qué te frenaba, y qué acabó inclinando la balanza?
- El primer contacto. ¿Cómo se sintió escribirme? ¿Fue bien enseguida, o te quedó algo rondando?
- Concertar la cita. ¿Cómo fue decir en voz alta tus límites y tus deseos?
- La cita. La tensión previa, el momento de entrar, si te sentiste a gusto pronto.
- Después. Cómo te sentiste al terminar, y qué te hizo el contacto en los días que siguieron.
- Para cerrar. Qué ha cambiado, y qué le dirías a alguien que ahora duda?
¿Te preocupa tu estilo de escribir? No hace falta. Escribe como te salga, aunque sea en palabras sueltas. Yo lo convierto en un texto fluido y te lo devuelvo, para que compruebes si sigue encajando. Sin tu visto bueno no sale nada online, y más tarde también puedes pedir que lo quite.
Sincero y con detalles vale más que bien formulado. La crítica se admite. La sinceridad es lo más importante.
3. Regalar el libro
Esta es la manera más fácil de todas, porque recomendar un libro no revela nada de ti.
Verborgen Verlangens, de Dahlia Midnight, va sobre cuatro amigas en un spa que dicen en voz alta lo que en casa no se atreven, y sobre lo que pasa cuando una de ellas da ese paso igualmente. Está en the-phoenix-society.com, y tres fragmentos se pueden leer gratis.
Hay unas cuantas maneras de hacérselo llegar:
- Regalárselo. Con una novela nadie se pregunta por qué apareces con eso.
- Prestárselo. ¿Lo tienes tú? Dáselo. Un libro que hay que devolver también se lee de verdad.
- Solo mencionarlo. Que te lo encontraste en algún sitio y que se te quedó. No hace falta más.
- Proponerlo en tu club de lectura. Así el grupo lleva la conversación y tú no tienes que enviárselo a nadie.
La historia hace entonces el trabajo al que tú no llegas. Si más tarde saca ella el tema, tú decides si le cuentas que diste ese paso hace tiempo.
La encuesta, y esa sí es pagada
Esto no es una recomendación sino asesoramiento por el que te contrato, y por eso sí tiene un importe a cambio: € 250 con una cita de cuatro horas o más. Te cuesta más o menos media hora.
Las preguntas van sobre ti y sobre mí. Qué buscabas, qué te frenaba, qué impresión te da esta web y en qué puedo mejorar. La crítica es bienvenida, me sirve más que un cumplido. El cuestionario está en la página de descuento.
Colaborar o aportar ideas
Quizá quieras más que el boca a boca. Organizar una noche, un podcast, un círculo de mujeres, algo dentro de tu trabajo donde encaje este tema. O tienes una idea que no se parece a nada y que nunca has dicho en voz alta.
Dímelo, aunque esté a medias. Todo lo que ayuda a las mujeres a tomarse en serio sus deseos y también a decirlos en voz alta, sobre eso aporto ideas encantado. Que acabe en mí no hace falta.
¿Y a ti qué te aporta?
Una pregunta sincera, y puedes hacerla tranquilamente.
Dinero desde luego no, salvo la encuesta.
Lo haces porque quieres. Porque le deseas lo que tú tuviste, y porque te gusta verla feliz. No hay nada más detrás.
Y ella lo nota, porque no hay nada en medio. Solo tú, que quieres que le vaya bien.
Lo que te queda de ello te lo da ella. Tocas a una mujer en el momento en que una sola decisión le cambia el año, y esto no es una frase bonita mía. Lee las reseñas otra vez y cuenta cuántas veces pone que después la cosa fue distinta de lo que había pensado. Poner algo así en marcha, y oírla a ella misma contar más tarde lo feliz que la ha hecho, para eso no existe ningún vale.
Y pasa algo más que no ves venir de antemano. Ayudar a otra con justo lo que tú misma has vivido te hace bien a ti. Creces. Estás más firme. Te hace más feliz y te refuerza en tu propio crecimiento personal y en tus decisiones sin que lo hayas pedido nunca.
Lo que más mueve es tu propia decisión de entonces. Si en su día dudabas de si podías permitirte esto, esa pregunta desaparece en el momento en que la ves recuperarse. Si a ella le ayudó, estuvo bien que yo lo hiciera.
Dímelo
Cuéntame qué tienes en mente
Mándame tu idea, tu enlace o tu relato. Y acordamos juntos qué hay a cambio para ti.
