
Tus límites, tu ritmo
Consentimiento
El consentimiento conmigo no es un trámite previo, sino el hilo conductor de todo lo que hacemos juntos.
No empieza en la cama
Una cita no empieza en la cama. Empieza mucho antes, en ese primer mensaje que escribes de noche y borras tres veces antes de enviarlo. Luego, en cómo te contesto, y en lo que después tú sí te atreves a decir.
Por eso primero nos conocemos. En el chat, en tu propio momento, sin que haya nada todavía en juego. Quiero saber qué te gusta, qué te da gusto, con qué disfrutas cuando nadie mira. Y, desde luego, también qué no.
Sobre lo que quieres, y con la misma franqueza sobre lo que de verdad no quieres. No para convertirlo en un contrato, sino para vaciarte la cabeza, de modo que tu cuerpo pueda ir contigo.
Compaginarlo pide contacto entre nosotros dos
Decir eso de antemano tiene un nombre: compaginar. Y eso solo se puede de una manera: tú y yo, directamente. Yo mismo leo tus mensajes y yo mismo te contesto. Lo que cuentas llega a mí y a ningún otro sitio.
Y no es algo que se dé por hecho. Conmigo no hay ningún intermediario de por medio, así que cuando a las ocho estoy en tu puerta, ya lo sé todo. Nada que repetir, ningún resumen en el pasillo a alguien que todavía tiene que conocerte.
Tener claridad de antemano significa que durante la cita ya no tenemos que compaginar nada. Reajustar siempre se puede, eso forma parte. Pero la conversación más importante ya está hecha, y es justo por eso que una cita siempre sale lo mejor posible.
Así que antes de concertar nada, hablamos. Por mensaje, por llamada o videollamada, breve o largo, eso tú decides.
¿Y entonces por qué aun así un formulario?
Porque una conversación salta y una lista no. Un chat es dinámico: seguimos la corriente de donde acabamos, y así quedan cosas sin tratar sin más. No porque sean secretas, sino porque la cosa se puso tan a gusto que hablamos de todo menos de eso. El formulario simplemente lo repasa todo una vez.
Y queda ahí. Lo que hablamos en el chat está en mi cabeza, lo que tú rellenas puedo releerlo antes de salir por la puerta. Así tú esa noche ya no tienes que pensar en ello.
Qué indicas en el formulario
Indicas a qué dices que sí y a qué no, y cuáles son tus deseos. Así sé con qué puedo contar. Un ‘quizá’, por cierto, también vale.
Mantienes siempre el control
Lo que rellenas no es una promesa. Un sí puede convertirse en un no durante la cita, sin explicaciones. Una sola palabra tuya basta.
Pon tus límites por escrito
Rellena el formulario de consentimiento
Indica con calma a qué dices que sí y a qué no. Nada es obligatorio, y puedes reajustarlo todo más tarde.
