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Casada con un gigolo #5: negar mis celos

Hablar de los celos con tu pareja

Anna está casada con un gigolo #5: «Ya no puedo negar mis celos»

Hablar de los celos con tu pareja suele dar miedo. Aun así, soltarlo alivia, y abre espacio. Hazlo con calma, sin reproche, y nombra sin más lo que te pasa por dentro. Anna se traga mucho tiempo sus celos por las citas de Victor con Bianca. Cuando lo dice en voz alta, él la tranquiliza y vuelve la calma.

Esta columna apareció antes en &C.

Anna lleva ya un tiempo arrastrando celos por la cita de Victor con Bianca. Tras su segunda cita, tiene la conversación con él. Y eso le da muchísimos nervios…

Me siento con Victor en el sofá. Este es uno de esos momentos que de verdad no quiero tener juntos. Estaba tan convencida de que esto no iba a pasar. Y aun así ya no lo puedo negar, los celos que siento. Respiro hondo y empiezo la conversación. «Cariño, me cuesta lo de tus citas con Bianca. Noto que me dan celos», suelto. El corazón me late en la garganta y, nerviosa, golpeteo el suelo con el pie. «Cada vez que quedas con ella tienes ese brillo en los ojos y estabas tan empeñado en esa segunda cita. Noto, sin más, que mi inseguridad asoma la cabeza.»

Mientras cuento mi historia, nerviosa, él me escucha con atención. Victor no me interrumpe ni una sola vez y me deja hablar hasta que he dicho todo lo que quería decir. «¿Qué te hace sentir insegura?», quiere saber. «Creo que mi miedo a no ser suficiente para ti en algo. A no poder darte lo que necesitas», digo mientras miro al suelo. En cuanto levanto la cabeza, veo a Victor mirándome con ternura. «De verdad, nunca ha habido una mujer con la que encaje tan bien como contigo. No conozco a nadie más con quien conecte así en lo emocional, lo intelectual y lo sexual», dice. Y luego, riendo: «Y ya sabes que tengo bastante material de comparación.»

Sí, eso lo sé, desde luego. Sé cuántas citas y relaciones tuvo antes de que nosotros empezáramos. Fueron de verdad muchísimas y con ninguna se casó. Y conmigo sí. Vuelvo a notar que se abre espacio. Le cuento lo de jugar más fuerte y también en eso me tranquiliza. «Está bien hacer eso de vez en cuando, pero no es de lo que va el BDSM para mí», me dice. «Para mí, el BDSM es jugar en el límite de la otra persona, de ahí saco mi placer y mi excitación.»

También le digo que noto que está cada vez más fuera, en el último tiempo al menos una vez por semana. Para mí eso es demasiado a menudo. Él mira enseguida su agenda y empieza a mover citas. Al principio de su carrera como gigolo dijo que esto nunca se iba a interponer entre nosotros. «Porque para eso eres demasiado importante para mí.» Qué maravilla notar ahora que lo decía en serio. Que ajusta su agenda por ello, que entiende cómo puede ser para mí y que lo reconoce. Esto es muy sanador.

Continuará.

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