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Contacto y atención

Preguntas sobre tantra

Qué es el tantra, y qué le hace a tu cuerpo y a tu cabeza.

Un masaje yoni es un masaje lento y atento de la vulva, orientado a la relajación y no a una meta. Alrededor del tantra hay además mucha confusión, y eso frena a las mujeres. Si es sexual o va de conexión, si el orgasmo es la meta, y si todavía cabe cuando te da vergüenza tu cuerpo o pasas con creces de los sesenta. Despejo esa confusión aquí abajo. Qué es una sesión de tantra conmigo lo lees en la página sobre tantra.

  1. ¿Un masaje tantra es sexual, o va de conexión y energía?

    Un poco de las dos cosas, y esa respuesta honesta rara vez la oyes. En la tradición, el tantra es apenas sexual: las prácticas sexuales son raras y están reservadas a iniciados. El estudioso de las religiones Hugh Urban describió cómo la imagen occidental del tantra como doctrina sexual nació sobre todo de la proyección.

    Así que esto no es una práctica de iniciados salida de un monasterio. Es trabajo corporal que usa la atención lenta y consciente del tantra, y en el que el erotismo entra con naturalidad. Las caricias pueden ser sensuales y la energía sexual tiene su papel.

    Lo que no es: un masaje con un final marcado. Correrse no es la meta ni el cierre. Va de sentir de forma consciente, y eso es otra cosa que un final feliz envuelto en un nombre espiritual.

  2. ¿Qué es un masaje yoni, y correrse es la meta?

    Un masaje yoni es un masaje tántrico de los genitales femeninos, centrado en un descanso profundo y en volver a sentir lo que hay. Yoni es la palabra sánscrita que en los textos tántricos se usa para la vulva.

    Correrse no es la meta. Puede pasar y nadie le hace un drama, pero en cuanto se convierte en meta cambia el masaje entero: entonces te pones a rendir, y rendir es justo lo que aquí desaparece.

    En la práctica, muchas mujeres notan algo distinto de lo que esperaban. No excitación, sino que en algún sitio se soltó algo que llevaba años atascado. A veces vienen lágrimas con ello, y también eso es normal.

    Lo que pasa lo decides tú, y en cualquier momento puedes decir que ya es suficiente.

  3. Tengo curiosidad por el tantra pero no me atrevo a dar el paso. ¿Y ahora qué?

    Quédate entonces un rato en la parte curiosa y deja la reserva en paz. No tienes que comprometerte a nada para hacer preguntas: escribirme o llamar no te cuesta nada y no te obliga a nada. También puedes escribirme tres veces y luego aun así decidir que no es para ti.

    La mayoría de las mujeres que al final vienen pasaron antes semanas dudando. Algunas estuvieron meses en esta página antes de mandar nada, y casi todas dicen después que el arranque fue la parte más dura.

    ¿Quieres un paso intermedio? Una llamada o un café en el que no pasa nada más. Después sabrás más que todo lo que las páginas de esta web pueden contarte.

  4. Me da vergüenza mi cuerpo. ¿Aun así puedo hacer un masaje tantra?

    Sí, y justo entonces. El tantra no va de qué aspecto tienes sino de lo que sientes, y no hay un solo momento en que se te juzgue. Y no lo digo por cortesía: si estás pendiente de cómo quedas ahí tumbada, no te relajas, y entonces tampoco pasa nada.

    Tú decides qué te dejas puesto. Una parte de las mujeres que vienen se quedan medio vestidas, sobre todo la primera vez, y eso no cambia en nada lo que hace el masaje. La luz puede estar baja, puedes tener una manta por encima.

    Esa vergüenza suele irse en la primera media hora, más o menos en el momento en que notas que no se espera nada de ti.

  5. Quiero volver a permitir el contacto. ¿Puede el tantra ayudarme con eso?

    Sí, y el motivo es que no hace falta que devuelvas nada. No tienes que participar ni reaccionar. Tampoco hace falta que seas amable, ni que muestres que te gusta. Eso lo convierte en uno de los pocos sitios donde puedes practicar el contacto sin que al momento se espere algo de ti.

    Esa diferencia es mayor de lo que parece. En el contacto en casa o en una cita siempre corre una segunda capa por debajo: qué significa esto, qué quiere él, qué tendré que hacer luego. Esa capa aquí desaparece.

    Empezamos despacio y con mucho más tiempo del que estás acostumbrada. Lo que vale y lo que no, lo hablamos antes, y puedes cambiarlo sobre la marcha.

  6. ¿Puede el tantra ayudarme a redescubrir mi lado sensual?

    Sí, y casi siempre resulta que ahí sigue. La sensualidad rara vez desaparece; se queda sepultada bajo el trabajo, bajo las cargas de cuidar a otros, bajo una relación en la que se volvió rutina, y bajo años en los que nadie preguntó por ella.

    Lo que hace una sesión de tantra es tomarse el tiempo que eso pide. Nada de media hora entre dos recados, sino horas en las que nada tiene que terminarse y nadie quiere nada de ti. Para muchas mujeres eso ya es, de por sí, la parte desconocida.

    Lo que pasa a menudo es que no vuelve como excitación sino como atención: vuelves a notar lo que sientes, dónde te gusta y dónde no. El resto suele venir después solo.

  7. Hemos perdido la chispa después de años. ¿Una sola sesión juntos puede abrir algo de verdad?

    A menudo sí, y casi siempre no de la manera que esperáis. Una sola sesión no repara años y tampoco voy a asegurártelo. Lo que sí hace es romper el patrón en el que siempre pasa lo mismo en el mismo orden, casi siempre a la misma hora.

    Para muchas parejas eso basta para volver a sentir curiosidad el uno por el otro. Os veis una vez en una situación que para los dos es nueva, y eso funciona distinto que dedicarle otra conversación más.

    Lo que importa más que la sesión misma: que lo queráis los dos. A quien viene solo por darle el gusto al otro, lo noto en diez minutos, y entonces lo digo sin más. Más sobre esto en Parejas.

  8. Tengo más de 60. ¿El tantra sigue siendo algo para mí?

    Desde luego, y a esa edad suele funcionar mejor que a los treinta. El tantra no pide flexibilidad ni forma física. Tampoco un cuerpo concreto. Pide tiempo y atención, y es justo lo que ahora sí tienes y antes no.

    Las mujeres de más de sesenta se preocupan menos por cómo lo están haciendo. Eso ahorra la mitad de la resistencia que traen las más jóvenes, y suele hacer la sesión más honda en vez de más prudente.

    Si hay algo físico, una operación, dolor, menos sensibilidad o sequedad, dímelo antes. No es ningún problema, solo cambia cómo lo planteamos.

  9. ¿Decido yo qué me dejo puesto o me quito?

    Sí, del todo. Si la primera vez quieres quedarte con la ropa interior puesta, perfecto. Quitarte toda la ropa no hace falta nunca, y menos aún nada más entrar porque sea lo que toca.

    En la práctica eso cambia muchas veces solo durante la sesión, y otras tantas no. Las dos cosas están bien. Tus límites marcan el masaje, no al revés, y no voy a tantear a mitad de camino a ver si ya se puede.

    Lo mismo vale para mí: si masajeo vestido o sin ropa, lo decides tú. Si te cuesta decirlo, elígelo antes sin más y mándamelo por mensaje. Así ya no hace falta hablarlo.

  10. ¿Qué diferencia hay entre un masaje tantra y un masaje erótico?

    La diferencia está en el objetivo, no en las caricias. Un masaje erótico busca excitación y descarga, casi siempre con el orgasmo como punto final. Todo lo demás es preparación hacia ese momento.

    Un masaje tantra usa la energía sexual justamente para llegar a otro sitio: más despacio, más consciente, y sin meta. El orgasmo no es un objetivo y la sesión no fracasa si no llega. En la práctica, por eso dura más y pasa menos por minuto.

    Pero sé crítica con la palabra. “Masaje tantra” también se usa como envoltorio elegante para lo primero. Por eso pregunta siempre qué pasa en concreto y si correrse es el punto final; por la respuesta sabes al momento dónde vas a parar.

  11. ¿Estás desnudo durante el masaje, cuánto dura, y puede estar mi pareja?

    Depende de lo que a ti te resulte cómodo. Si masajeo vestido o desnudo lo decides tú, y también puedes cambiar de idea a mitad de camino.

    Una sesión dura en la práctica varias horas. No es una decisión comercial sino necesaria: por debajo de dos horas sale con prisa, y la prisa es justo lo que le quita el efecto. Cuenta, pues, más con una tarde que con una horita.

    Tu pareja puede estar presente, e incluso masajear contigo si lo queréis. Eso sí pide que hablemos antes quién hace qué, porque si no, a mitad acaba siendo una negociación mientras tú estás tumbada. Así que acordadlo antes, no sobre la marcha.

  12. ¿Pasa algo si me pongo a llorar o me emociono durante el tantra?

    No, y es más normal de lo que crees. Durante una sesión puede soltarse de todo: llanto, temblor, a veces risa. La tensión atascada y las emociones que escondiste mucho tiempo por fin pueden salir.

    No es un apuro que me asuste ni algo que tengamos que resolver. A menudo es justo de lo que se trata, y después las mujeres llaman a esa parte lo más valioso de toda la sesión.

    Lo que pasa entonces lo decides tú: seguir, parar un momento, o no decir nada al respecto. No voy a preguntarte de dónde viene a menos que tú quieras. Y si un día después te llega un bajón, puedes escribirme.

  13. ¿Un masaje tantra es seguro y excitante a la vez si nunca has hecho algo así?

    Sí, y esa combinación es justo la idea. Lo seguro está en los acuerdos: hablamos antes qué pasa y qué no, te dejas puesto lo que quieras dejarte, y puedes parar en cualquier momento sin que nadie diga nada.

    Lo excitante está en no saber qué viene dentro de esos límites acordados. Es un tipo de emoción muy distinto de la inseguridad de ‘en qué me estoy metiendo’, y es el único tipo que resulta agradable.

    Que nunca lo hayas hecho es, por cierto, más bien una ventaja. No tienes nada que desaprender ni ninguna expectativa de cómo debería ir.

  14. ¿Puedo con el tantra aprender a sentir y a marcar mejor mis límites?

    Sí, y para muchas mujeres ese es el efecto de verdad, aunque vinieran por otra cosa. El tantra funciona despacio, y es justo esa lentitud la que hace que notes cuándo algo es agradable y cuándo se vuelca.

    En el día a día casi siempre lo pasas por alto. Va demasiado rápido, o lo notas solo después, o no dices nada porque entonces cambia el ambiente. Aquí hay tiempo para notarlo en el momento mismo.

    Y como no se espera nada de ti, marcarlo tampoco cuesta nada. Si a mitad dices que algo no te gusta, no cambia nada más ni en la sesión ni en el ambiente. Eso suele ser lo nuevo.

  15. ¿Aprendemos técnicas que podamos usar en casa los dos?

    Sí, y es a propósito una parte de la sesión si lo queréis. Acompasar la respiración, tocaros más despacio de lo que estáis acostumbrados, y dar y recibir por turnos sin que derive enseguida en sexo.

    Son cosas sencillas. Suenan casi demasiado simples para servir de algo, y aun así en casa nunca salen solas, porque siempre hay otra cosa y porque nadie empieza la conversación.

    Lo que más se queda no es una técnica sino un ritmo. Las parejas que hacen esto dicen después, más que haber probado algo nuevo, que empezaron a ir más despacio.

  16. ¿Es mejor hacer un masaje tantra con un hombre o con una mujer?

    Depende de adónde quieras llegar, no de qué es mejor. Si lo que buscas es relajarte y volver a sentir tu cuerpo, el sexo de quien masajea suele importar poco.

    Si hay algo en torno a los hombres, confianza, rechazo, una experiencia que arrastras, entonces justo un hombre puede marcar la diferencia, porque vuelves a vivir esa experiencia en un entorno donde no se espera nada de ti y donde tú decides cuándo para.

    Y si dudas: eso ya es información de por sí. Llama primero. Por cómo transcurre una conversación así notas más sobre si hay química que por cualquier razonamiento previo.

  17. ¿Para quién está pensado en realidad un masaje tantra?

    Para mujeres que quieren volver a conectar con su propio cuerpo, por el motivo que sea. Es un grupo amplio, y no es una respuesta evasiva sino lo que pasa en la práctica.

    Mujeres que llevan años sin que nadie las toque. Mujeres que después de un divorcio o una pérdida vuelven a empezar y no saben cómo. Mujeres que nunca aprendieron a relajarse con el contacto porque siempre se esperaba algo. Y mujeres a las que simplemente les da curiosidad, que es una razón del todo válida.

    Para quién encaja menos: quien busca algo que tenga que ir rápido, o quien en realidad busca una solución para algo que mejor hablarías con un terapeuta. Eso lo digo sin más.

  18. ¿Por qué sentirte segura y la confianza importan tanto en el tantra?

    Porque, si no, tu cuerpo no colabora. Mientras quede en algún sitio tensión por lo que va a pasar luego, tu sistema sigue en guardia y, como mucho, notas que alguien te está tocando.

    Así que relajarse no es un extra del tantra. Sin relajación no pasa nada, sin más, y entonces habrás tenido un masaje caro. Por eso existe la conversación previa y por eso insisto en lo que no quieres: cada punto sobre el que estás insegura te acompaña, si no, toda la sesión.

    Por eso puedes preguntar todo de antemano, por pequeño que sea. Dónde estamos, quién hay, qué llevo puesto, cuánto dura, cómo paras.

  19. ¿Tengo que creer en los chakras y la energía para que me sirva de algo?

    No, no tienes que creer en nada. Sientes la relajación de un masaje tantra también sin dar por cierto nada sobre canales de energía o chakras.

    Esas palabras son un lenguaje para describir lo que tu cuerpo vive: calma, un hormigueo, una ola que te recorre. Que se llame así es cosa de la historia. La palabra sánscrita tantra significa literalmente tejido, y la idea es que hilos sueltos forman juntos un todo. También puedes llamarlo, sin más, tu sistema nervioso.

    No te hago creer nada para que funcione. Si una explicación te estorba, la dejamos fuera y tú sientes sin más lo que sientes.

  20. ¿Cuándo no sigue adelante el masaje, y qué pasa si mi sí se vuelve un no?

    El masaje se detiene en cuanto tú lo quieras, punto. Un sí siempre puede volverse un no, también a mitad, también sin motivo, y entonces paro al instante. No tienes que explicar qué cambió ni tienes que compensarlo después.

    Por mi parte también hay momentos en los que no empiezo: si vas bastante perjudicada, si noto que lo haces por otra persona, o si la conversación previa sin más no cuadra. Eso no es un juicio sobre ti.

    Parar solo te cuesta los gastos ya hechos. Eso no se negocia y tampoco hace falta una conversación incómoda alrededor.

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