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En casa

Relato erótico que transcurre en casa

En casa

La luz de la mañana entra despacio en la cocina de Olivia y lo llena todo de calma. Mientras se mueve entre los muebles, nota algo distinto en el aire, una especie de deseo que le acelera el pulso. Pensar en descubrir rincones nuevos de su propia casa, la mesa de la cocina entre ellos, le despierta un cosquilleo que llevaba tiempo dormido.

Olivia pasa las manos por la madera lisa de la mesa, siguiendo cada veta con los dedos. La cocina de siempre, la de los desayunos y las cenas en familia, de pronto se vuelve otra cosa. Cada esquina, cada superficie parece prometer un placer que antes no estaba ahí.

El sol de la mañana le roza la piel. Esa mesa tan corriente se ha convertido en algo cargado, un sitio de ganas que no se dicen en voz alta. La idea de explorarse dentro de las paredes de su propia casa le sube un calor al vientre que ya no la suelta.

Se siente más viva que nunca, lista para lo que el día quiera traer.

Más tarde, con el sol en lo alto, Olivia lleva ese viaje al baño. Las baldosas frías bajo los pies, el vapor de la ducha, todo la envuelve en una calma íntima. Abre el grifo y el agua caliente le resbala por la piel.

El agua le despierta los sentidos y la deja floja de puro gusto. Los ruidos de fuera se mezclan con el repiqueteo del chorro, y la mezcla la pone en otra parte. Cierra los ojos y se entrega del todo, el agua caliente como un abrazo suave sobre el cuerpo.

Con los dedos guía el agua por su piel, el cuerpo tirante bajo la caricia. La ducha, un sitio que antes servía solo para lavarse, se ha vuelto un pequeño refugio para explorarse sin prisa. El corazón se le acelera pensando en lo que todavía no ha llegado.

Cae la noche y Olivia sale al balcón. La brisa le roza la piel, llega el olor de las flores y, de fondo, la ciudad. El balcón, que siempre fue un sitio para descansar, ahora es otra cosa.

Bajo el aire templado de la noche se siente libre. Deja que las manos recorran su piel desnuda, el aire fresco despertándole cada sentido. La luz tibia del final de la tarde cae sobre el balcón como una invitación.

Se abandona al momento, el cuerpo y la cabeza abiertos a lo que venga. Olivia nota el deseo recorrerla entera, lista para todo lo que su propia casa aún guarda para ella.

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