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Sobre quién tienes delante

Preguntas sobre quién soy

Lo que las mujeres quieren saber antes de dejar entrar a un desconocido en su vida.

¿Se puede confiar en un gigolo? Es la pregunta que más me hacen las mujeres antes de dejar entrar en su vida a un hombre al que nunca han visto. Si sé manejar las emociones y a veces el trauma, y qué te doy conmigo que no encuentras en casa. He reunido aquí las preguntas que más oigo sobre eso. ¿Quieres mi historia en pocas palabras? La tienes en sobre mí.

  1. ¿Existe un gigolo con formación psicológica que sepa manejar el trauma?

    Sí. Soy Victor, gigolo con formación de psicoterapeuta, y esa combinación es rara. Además de más de veinticinco años de práctica, traigo la calma y el conocimiento para manejar con cuidado también el miedo, la tensión o una experiencia desagradable.

    Qué significa eso en concreto: noto cuando alguien sigue adelante mientras su cuerpo dice otra cosa, y entonces paro en vez de continuar. No voy al ritmo que tú crees que tienes que mantener.

    Eso sí, ten claro lo que no es. Esto no es terapia de trauma y no trato nada. Si por debajo hay algo más grande, te lo digo, aunque eso signifique que mejor no reserves.

  2. ¿Cómo sé si puedo fiarme de ti?

    Poniéndome a prueba antes de cerrar nada. Siempre escribes y hablas directamente conmigo, no con un intermediario, así que oyes mi voz antes de verme. También podemos hacer videollamada, y te lo recomiendo.

    Pídeme sin problema una foto más, reciente, si quieres comprobar que soy quien digo ser. Quien se niegue es el equivocado, y eso vale para cualquiera en este oficio.

    Qué más puedes revisar: si hay precios en la web, si las reseñas suenan distintas entre sí, y si alguien pregunta por tus límites en vez de por tu lista de deseos. Esas tres cosas juntas dicen más que cualquier promesa.

  3. ¿Qué les das a las mujeres que no reciben de su pareja?

    Atención entera, sin que tenga que haber algo a cambio. Esa es toda la diferencia, y suena a menos de lo que es.

    En casa la atención siempre es recíproca. Él también cuenta su día, él también quiere algo, también hay una expectativa, y eso no está mal, eso es una relación. Pero significa que nunca hay una noche que vaya en una sola dirección.

    Aquí sí la hay. Unas horas en las que nadie quiere nada de ti, en las que no tienes que preguntar qué tal le fue a él, y en las que no piensas a mitad de camino que mañana todavía tienes que compensar algo. Eso es algo que en una relación no puedes montar en realidad.

  4. ¿Qué haces para que me sienta a gusto?

    Sobre todo: no meter prisa. Empezamos hablando, no desnudándonos, y esa primera media hora no es un trámite sino la parte que hace posible todo lo demás.

    Te cuento lo que va a pasar antes de que pase, te pregunto cómo lo estás viviendo, y dejo caer los silencios en vez de rellenarlos. La mayor parte de la tensión desaparece en cuanto ves que no se espera nada de ti.

    No te tranquilizo con cumplidos sobre cómo te ves. Eso sale al revés, porque entonces la cosa vuelve a ir de eso. Prefiero decirte sin más que no tiene por qué salir nada.

  5. ¿Sabes manejar las emociones o los problemas personales?

    Sí, y es una de las razones por las que las mujeres acaban llegando a mí. Soy psicoterapeuta de profesión, y eso se nota sobre todo en cómo escucho: sin solución, sin consejos que no has pedido, y sin querer llevar a ningún sitio lo que me cuentas.

    Llorar pasa más de lo que crees, y casi siempre en mujeres a las que hace mucho que nadie toca. No me asusto por eso y no lo voy a solucionar; nos quedamos ahí sentados hasta que baja.

    Terapia no vendo. Si por debajo hay algo más grande, lo nombro y te derivo. Es más honesto que fingir que una noche lo arregla.

  6. ¿Hay gigolos que se dirigen específicamente a mujeres de más de cincuenta?

    Los hay, y en la práctica la mayor parte de mi clientela pasa de los cincuenta de todos modos. Eso rara vez se pone así en una web, pero es la realidad del oficio.

    No es porque las mujeres más jóvenes no quieran esto. Es porque el motivo suele llegar más tarde en la vida: tras un divorcio, tras una pérdida, o tras años en los que algo fue desapareciendo despacio sin que nunca hubiera una discusión.

    Con mujeres de más de cincuenta, en la práctica muchas veces va más hondo. Menos pendientes de cómo lo hacen, más de lo que de verdad quieren. Eso hace la noche mejor, no más prudente.

  7. ¿Puedo ver fotos del gigolo de antemano?

    Sí, claro. Antes de que cierres nada te mando fotos claras y recientes para que sepas quién va a estar en tu puerta. Pídeme otra más sin problema si quieres ver algo concreto.

    Están para verificar, no para andar circulando por ahí. La discreción va en dos direcciones: igual que yo protejo tu privacidad, tú tratas con reserva lo que recibes de mí.

    Mejor que las fotos, por cierto, es la videollamada. Una cara se puede falsear, una conversación casi no, y en cinco minutos ves cómo se mueve y cómo suena alguien. Ahí suele estar lo que encaja o lo que se atasca. Pídela sin más; para mí eso no es desconfianza sino sentido común.

  8. ¿Alguna vez sientes asco de tus clientas?

    No. Elijo yo a quién veo y no acepto una cita que no me apetece, así que esa situación no se da.

    Y esa es, de paso, la respuesta sincera a lo que hay debajo de esta pregunta: el miedo a que alguien finja. Ese miedo tiene razón de ser si alguien acepta cada reserva, porque entonces toca actuar por fuerza. Poder decir que no es la única garantía real que tienes.

    Lo que sí pasa es que una noche sea menos especial que otra, para los dos. Eso no es asco, eso es como va la cosa entre personas. Y eso también lo digo sin más, en vez de esconderlo.

  9. ¿Por qué trabajas solo con mujeres?

    Porque se me da bien y es todo mi trabajo. Todo lo que hago, del tantra al BDSM o a una noche de compañía, se dirige a mujeres y a parejas en las que ella es el motivo.

    Es una elección, no un juicio sobre los hombres que buscan lo mismo. Hay colegas que sí lo hacen y que lo hacen mejor de lo que yo lo haría; si es eso lo que buscas, te lo digo sin más.

    Con las parejas la cosa es algo más matizada: él puede estar, mirar o participar, y eso lo acordamos de antemano. Lo que no funciona es una reserva en la que ella en realidad viene para darle el gusto a él.

  10. ¿Qué llevas puesto durante una cita?

    Lo mismo que me verías en el día a día: normalmente un pantalón de vestir y una camisa, cuidado pero sin arreglarme en exceso. Nada de outfit llamativo ni un traje que grite que pasa algo especial.

    Es a propósito. Si entramos juntos en un hotel o un restaurante, parecemos dos personas que salen a tomar algo, y eso es justo lo que quieres.

    Si quieres algo concreto, un traje, o todo lo contrario, muy casual, esa camisa en particular, dímelo sin problema. Me pongo lo que a ti te guste, y esa petición es menos rara de lo que crees; me la hacen más a menudo que al revés.

  11. ¿Siempre te corres durante tu trabajo?

    No, y tampoco es el objetivo. A veces sí, a veces no, y depende de la noche.

    No tengo ninguna razón para forzarlo ni para fingirlo, y eso me quita mucho de encima. A ti también te quita algo: no hay un momento en el que la noche esté supuestamente terminada, y por tanto tampoco un momento en el que cambie todo de golpe.

    Lo que hay debajo de esta pregunta suele ser otra cosa, en concreto si para mí también es de verdad. Lo es, y la razón es simple: no acepto citas que no me apetecen. Pregúntamelo otra vez sin problema durante la charla previa.

  12. ¿Es penoso o raro que le dé vueltas a esto?

    No, y esa pregunta me la hacen más que ninguna otra. Casi nunca sale de un juicio real sobre ti misma, sino de esperar que otros juzguen: tu hermana, una compañera de trabajo, tu ex. Es una reacción a un público que no está ahí y que tampoco va a venir.

    Pagar por tiempo y atención lo haces en otros diez sitios de tu vida sin que nadie diga nada. Que aquí vaya de intimidad lo vuelve delicado, no penoso.

    Toda la serie de preguntas con dudas, si él finge, si soy demasiado mayor, qué pasa si me emociono, está en ¿Todavía dudas?.

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