Blog
A un sugar baby masculino se le llama gigolo

A un sugar baby masculino se le llama gigolo
Sugar daddy, sugar mommy, sugar baby. Esos términos seguramente los conoces. Un sugar baby suele ser una persona más joven que recibe apoyo económico o regalos de una pareja mayor y acomodada. En los hombres, ese mismo patrón recibe a menudo otro nombre: gigolo. El término arrastra bastante carga, pero en el fondo describe lo mismo que un sugar baby masculino. Te explico por qué, y qué significa eso.
Los términos, uno a uno
Sugar baby
Un sugar baby, hombre o mujer, entra en una relación con una pareja mayor y acomodada a cambio de apoyo económico, regalos y un estilo de vida de lujo. Suele venir con compañía, a veces con intimidad, pero la base es el acuerdo mutuo sobre lo que cada parte saca de ello.
Gigolo
El término gigolo se refiere desde antiguo a un hombre al que mantiene económicamente una mujer, a cambio de compañía e intimidad. La palabra viene de la Francia de principios del siglo XX y durante mucho tiempo se usó con cierto tono de burla.
En qué se solapan
Los términos vienen de sitios distintos, pero en un sugar baby masculino las definiciones se mezclan bastante.
- Apoyo económico. Los dos reciben apoyo de su pareja, ya sea dinero directo, regalos o experiencias de lujo.
- Compañía e intimidad. En ambos todo gira en torno a la compañía, y por lo general también a la intimidad. En un sugar baby no siempre es sexual, pero se da con suficiente frecuencia.
- Acuerdo mutuo. Las dos formas se construyen sobre un acuerdo claro entre dos partes: qué espera cada una de la otra, en cuanto a compañía, apoyo y la naturaleza del contacto.
Cómo lo mira el mundo
La aceptación de un sugar baby masculino, o gigolo, va creciendo, aunque no sin debate. El estigma baja a medida que la gente se abre a formas de relación que no siguen el molde clásico.
- Normas que cambian. A medida que la sociedad se mueve, crece la aceptación de las relaciones con un componente económico. Cada vez más gente ve que un acuerdo así puede tener valor para las dos partes.
- Una elección propia. Para muchos sugar babies masculinos es una elección consciente. Ponen su encanto y su compañía al servicio de algo que resulta a la vez gratificante e independiente.
- La realidad práctica. El coste de la vida al alza también cuenta. Un acuerdo así puede dar estabilidad económica en un momento en que hace falta.
Los pros y los contras
Independencia económica y acceso a un estilo de vida más lujoso. Esas son ventajas reales. Pero también tiene sus pegas.
- Equilibrio emocional. Encontrar el equilibrio entre el cariño sincero y la dependencia económica pide cuidado. No sale solo.
- Estigma. Pese a la aceptación creciente, queda flotando cierto juicio. Plantarle cara y conservar tu amor propio no siempre es fácil.
- Cuidar los límites. Límites claros y expectativas transparentes por las dos partes: ahí es donde un buen acuerdo se sostiene o se cae.
Un sugar baby masculino y un gigolo son dos nombres para algo que en el fondo es lo mismo: un hombre más joven que recibe apoyo de una pareja más acomodada, a cambio de compañía y a menudo intimidad. El nombre cambia, la esencia no. Y a medida que las normas sigan moviéndose, esto solo se volverá más corriente.
Hay una cosa que quiero dejar clara, porque ahí es donde a menudo se confunde. Un sugar daddy es otra cosa que un gigolo: el sugar daddy paga, al gigolo le pagan. Si quieres tener clara esa diferencia, gigolo o sugar daddy pone los dos papeles uno al lado del otro.
.
